martes, 4 de mayo de 2010

LA ETERNIDAD DEL SEGUNDO

Dejó caer su robusto cuerpo desde el borde de aquella cornisa, sin pensar en nada. Al instante, intentó estabilizarse, pero era tarde. En una milésima de segundo, su corazón dio un vuelco, y su cerebro reaccionó, intentando que sus brazos, en un último esfuerzo, se sujetaran al borde de aquel quincuagésimo piso, pero quedaron a milímetros de hacerlo.

No recordaba la causa por la cual decidió suicidarse, pero no pensó mucho en ello, sino en momentos felices. Sonreía cuando pensaba en las gamberradas que hizo con sus cuatro íntimos amigos, cuyos nombres no conseguía recordar, en los paseos por la playa con su perro, los cumpleaños y las reuniones familiares…

Recordaba también su colegio, las clases de biología que tanto le gustaban. Recitó de memoria la lista de segundo A, pero le faltó un nombre: el suyo. Hizo un esfuerzo por averiguar cuál era, pero no tenía tiempo de hacerlo, ya que ocurrió algo.

De repente, se dio cuenta de lo que estaba pasando. Se asustó y le vinieron a la mente imágenes de muertos en guerras, noticias sobre suicidios, etc.

Se arrepintió enormemente, pero era tarde.

A dos metros del suelo, el choque era inminente.

Una multitud observaba la desgracia.

Él comenzaba a aburrirse, no sabía en qué más pensar.

Y, repentinamente, soltó una escandalosa carcajada, que fue rápidamente cortada por el sonido de un golpe seco.

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