jueves, 29 de abril de 2010

Contrastes

Se acercó a la ventana con tranquilidad, deslizándose entre la caótica habitación con la agilidad de un felino y sosteniendo un cigarro entre los labios.

Dejándose caer delicadamente sobre los cristales empañados y deslizando uno de ellos, dejó escapar una bocanada de humo gris, que al igual que su vida, iba dibujando espirales sin sentido y curvas etéreas que nacían con cada nueva calada y morían con cada breve suspiro.

Cogió una chaqueta y unos vaqueros que había tirados por el suelo y, calzándose unas viejas zapatillas, se precipitó escaleras abajo.

Llovía, era de esperar, todo aquel día parecía un reflejo de su pensamiento, pero, aún así, se dejo llevar por la maraña de personas, envueltas en trajes opacos, que no dejaban entrever sus intenciones pero que si manifestaban su estatus social y posición económica.

Pese a estar poniéndose cada vez más enferma con lo monótono y vertiginoso del paisaje, llegó a tiempo a la estación de metro.

Se escuchó un silbido metálico y pronto se vio reflejada en los cristales translucidos del alargado vehículo.

El salir y entrar de gente, las luces sintéticas que marcaban las magulladuras de su rostro, el aroma férreo de la sangre, aún resbalando por la mejilla, y la sensación de sentirse libre e impersonal en un espacio tan diminuto...

De repente, lo sintió, tuvo la horrible impresión de que la vida se le escapaba… y justo, cuando una lágrima resbalaba por su rostro, acariciándola con una leve quemazón, la vio, una niña pequeña que la miraba con fijeza agarrada de la mano de su madre, al otro lado del vagón.

Al principio pensó que se trataba de una de esas chiquillas descaradas que se te quedan mirando, pero, de pronto y sin saber por qué, la niña le sonrió. Sin motivo, tan amplia y sinceramente que la joven solo pudo devolverle la sonrisa.

De nuevo ese silbido metálico y una voz femenina que anunciaba la llegada a su parada. Bajó y en un acto reflejo miró hacia atrás, para contemplar como la niña pegada al cristal le despedía enérgica y sonriente con la mano.

Será pronto

Y como cada día en ese último año estoy aquí, en esta habitación, sola, cansada de ver estas cuatro paredes en las que no hay ni una ventana, harta de esta dura monotonía, sin ganas de seguir escuchando el continuo ruido de los muelles de la cama al moverme, echando de menos todo lo que un día tuve… pero al fin y al cabo me lo merezco. Y es que, aunque no quiera, me es imposible dejar de recordarlo. Sí, entré en un mundo que no debía, en el que al principio todo era de otro color y en donde no existían las preocupaciones. Me dejé llevar. A medida que el tiempo pasaba todo se iba nublando, mi mente era incapaz de ser consciente de nada. Sólo tenía un único objetivo: conseguir dinero fuese de la forma que fuese para gastarlo en eso, en eso que hoy no quiero nombrar.

Tras haber estado rozando la muerte, ahora me siento afortunada por haber tenido personas a mi alrededor que consiguieron traerme aquí, a las que quiero y estaré agradecida toda mi vida por ello.

Quisiera poder borrar de mi cabeza todas esas imágenes, poder pasar página de una vez por todas, mirarme en el espejo y tener esa sonrisa que apenas recuerdo. Y sé que pronto lo lograré.

martes, 27 de abril de 2010

Un viernes de teatro


Íbamos de camino al pueblo donde tendría lugar la representación de la obra de teatro. Todos estábamos bastante contentos de saber que solo habíamos tenido que dar dos clases aquel día. Nada más llegar, la gente empezó a dar vueltas por allí, esperando que las profesoras nos avisaran del lugar por donde debíamos entrar y en qué momento debíamos hacerlo. Esa mañana no había desayunado y claro, al ver un quiosco a lo lejos, le pedí a una amiga que me acompañase a comprar algo. El tipo que nos atendió tenía muy mal aspecto: una barba muy descuidada y el pelo largo y grasiento. Su camiseta tenía varias manchas y los pantalones estaban un poco rotos. La verdad es que se me quitó el hambre de repente. Lo peor fue cuando se nos acercó y me preguntó qué quería. Su aliento olía horrible. Miré a mi amiga y me quedé pensando. Le contesté que si me podía decir las bebidas que tenía y empezó a nombrar una larga lista… Aquel quiosco no me gustaba y no sabía cómo irme de allí. Finalmente le dije una bebida rara que escuché una vez y que sabía que no iba a tener. Tal y como pensaba, me dijo que era una de las pocas que no vendían así que, le di las gracias y me fui.

Soñando Despierta.


Los pasos procedían del piso de abajo. Era de noche, y la casa se hallaba sola. O eso suponía yo. Estaba asustada, el miedo me invadía mientras gotas de sudor frío recorrían mi cuerpo. Traté de esconderme sin hacer ningún ruido mientras escuchaba como unos pasos se aproximaban lentamente a mi habitación. Me hallaba dentro del armario cuando el pomo comenzó a bajar con lentitud. Las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas impidiéndome ver, mientras, paralizada por el miedo, ni siquiera podía pensar. Alguien había entrado el la habitación, una silueta, se acercaba a donde yo me encontraba...y, de repente un sonido de fondo me llevo a la realidad.

Como normalmente me ocurría, había vuelto a evadirme de la realidad, y volvía a dejar de atender, seguramante, (a mi parecer), por no dormir lo suficiente.

La profesora de física explicaba complicadas fórmulas ininteligibles para mi, mientras yo divagaba tranquila por los más recónditos y escondidos pensamientos de mi imaginación. La verdad, aunque hubiera estado atendiendo, no tenia pinta de ser una clase interesante... blablablalblbbaaa... palabras sin sentido seguían surgiendo de los labios cansados de la profesora, seguramente harta de adolescentes desinteresados, como yo, que perdíamos su preciado tiempo mientras éste se iba acortando (se acorta) poco a poco.

Miré hacia la ventana, (donde) los pájaros se hallaban posados en las robustas ramas de un sauce cercano, mientras la brisa primaveral entraba y rozaba mis cabellos... lentamente volví a sumergirme en un mundo donde el verano se hacia eterno, no existían formulas químicas ni matemáticas, y los enanitos de jardín hablaban... que tontería, pensé sonriendo, y un día nuevo empezó a labrarse en mi imaginación.

Juegos del viento

Silencio y penumbra. Sentada sobre la húmeda tierra, entre el verde follaje, solo se oye el silencio. Si cierras los ojos, quizas escuches la risa de las hojas cuando el viento las seduce con sus delicadas caricias. Poco a poco, van cayendo bajo su poder hasta casi rozar el suelo. Para el viento, esto no es más que un juego en las últimas horas de una tarde de otoño. Las recoge del suelo para sacarlas a bailar al son del rítmico sonido del piar de pajarillos asustados, que huyen de los fantasmales reflejos plateados de la noche. El bosque se viste de fiesta. El cielo se cuelga su medallón de plata y, sobre su negra chaqueta, coloca todas sus brillantes condecoraciones. El viento, cansado de jugar, se marcha majestuosamente dejando a su paso una alfombra de lágrimas y hojas secas.

Marta Román Espinal

domingo, 25 de abril de 2010

El lunes no fui. El martes me levanté temprano y cansado, pensé no ir. La noche anterior fue divertida, me quedé con ganas de más. Había bebido y estaba muy animado. Sin duda fue una noche de risas y la tranquilidad en la que nos encontrábamos dentro de la casa, la hizo distinta de todas las demás. Estábamos acostumbrados a beber en la calle, pero lo de estar ahí dentro era diferente.

Una sensación de bienestar había entrado en mi cuerpo al recordar la noche anterior. Y, aunque no tenia ninguna gana de ir al instituto, tampoco se podía decir que no quisiera volver a verla.

No quedaban cervezas, así que Pedro y yo nos llegamos a su casa. Sus padres no estaban, cogimos seis cervezas para llevar y dos para bebérnoslas de camino. El frigorífico era uno de esos de doble puerta con dispensador de agua fría y hielo picado. Tenia muchos refrescos y bebidas pero, sin embargo, no había nada de comer. Volvimos paseando tranquilamente por las desérticas calles del barrio. Cuando entramos, ya había llegado ella. La situación había cambiado, ya no estaba tan cómodo pero tenía una sensación mayor de no poder irme de allí.

El camino al instituto era mas aburrido que ningún otro día. Había menos tráfico de lo normal, se notaba que mucha gente ya había comenzado sus vacaciones para la feria. Nada de esto me apartaba del único pensamiento que me comía la cabeza: Esta noche volvería a verla.